jueves, 6 de marzo de 2014

El correfoc

El correfoc es una manifestación cultural popular catalana y valenciana, en la que un grupo de personas disfrazadas o no de demonios desfilan por las calles de un municipio corriendo, bailando y saltando entre fuegos artificiales. En España son muy populares en Cataluña. En Francia hay collas (pandillas) de correfocs y fiestas en los que actúan por toda la zona del Rosellón.
Desciende de los Ball de diables (bailes de diablos) ya documentado en el siglo XII en Cataluña. Posteriormente ha ido evolucionando hasta el correfoc actual, en la que tiene mucha importancia la pirotecnia. En el siglo XX, después de la dictadura, la gente de los cercavilas (pasacalle; un recorrido colorista haciendo ruido para avisar a la gente que empieza la fiesta del pueblo, en el que la gente va llegando y se va sumando al grupo) empezó espontánemente a mezclarse con los que luego harían los castells, por ejemplo, y otras cosas, entre ellas los bailes de diablos; y a bailar entre ellos bajo algunas bengalas que íban encendiendo. El término "correfoc" aparece por primera vez escrito en 1977, de la mano de Diables del clot, cuando realizaron por primera vez un desfile con fuego en el que un grupo de personas vestidas con sacos portaban un palo en el que colocaban fuegos artificiales. Luego ha ido evoluciando, y algunas "collas" de correfocs realizan espectaculares actuaciones profesionales muy elaboradas en las que no pueden meterse dentro los espectadores. En general en los "correfocs", ya como actividad independiente de la "cercavila", el ritmo pirotécnico es mucho más rápido que en las "cercavilas", que siguen haciéndose también con fuegos.







El Baile de diablos (en catalán, "Ball de dimonis") es una de las tradiciones más arraigadas inicialmente en Cataluña, sobre todo por Tarragona y cercanías, y posteriormente en la Comunidad Valenciana, donde se llama Correfocs (Correfuegos), e Islas Baleares. Actualmente, su participación en pasacalles, procesiones y correfocs (correfuegos) se han convertido en una parte esencial de las Fiestas Mayores de muchos pueblos y ciudades.
El origen de los bailes hablados es incierto y arriesgado de precisar, pero parece ser que deriva del teatro medieval de calle. Básicamente, la vía de transmisión del baile popular (bailes hablados o con parlamentos, danzas, etc.) ha sido la vía oral. Así, es lógico que en esta transmisión hayan llegado alterados respecto a la versión original.
Respecto al Baile de Diablos, a pesar de que se le reconoce popularmente como "baile", debe considerarse un entremés ya que este tipo de actuación es hacía entre plato y plato en las comidas de la nobleza en la Edad Media.
La síntesis del Baile de Diablos es una representación teatral de la lucha del Bien contra el Mal. El su contexto escénico también fue utilizado, principalmente para las fiestas de Corpus, en las procesiones eclesiásticas como acompañamiento para dar un aspecto más ceremonioso y espectacular. Finalmente, los diablos, diablillos o demonios desfilaban encabezando la comitiva para anunciar su llegada con jaleo de todo tipo. De forma estrepitosa y ruidosa apartaban el público asistente abriéndose paso en la procesión.
Este podría haber sido el origen del baile de diablos. Partiendo de un personaje que cada vez fue tomando más protagonismo y que llegó a superar la expectativa de la obra original, quedó la parte del diablo como la más popular.De todas maneras encontramos la figura del diablo o diablillo en el origen de todos los bailes hablados. Es un personaje que no tiene nada que ver con la obra que se representa, pero que se pone por medio y hace reír con sus cabrioles. Al final de la obra dice unos versos satíricos relacionados con la vida políitica o pública de la localidad donde se representa, y que todos esperan con deleite.
La primera noticia  en el banquete de la boda del conde de Barcelona, Ramón  Berenguer IV con la princesa Petronila, hija del rey de Aragón. La crónica nos dice que representaba la lucha de unos demonios, dirigidos por Lucifer, contra el Arcángel San Miguel y una cuadrilla de ángels.
La segunda referencia escrita que conocemos, citada en el Libro de Solemnidades de Barcelona, es de las fiestas de 1423 rememorando la venida a Barcelona del rey Alfonso V de Aragón, procedente de Nápoles.
También en Cervera participan los diablos para las fiestas de Corpus del año 1426. Otra vez en Barcelona, con motivo de la llegada del duque de Calabria en septiembre de 1467, se organizan unas fiestas donde los diablos también estuvieron presentes.
A principios del siglo XV, en las procesiones del Corpus de Barcelona, se clausuraba la comitiva con un entremés, formado por una cuadrilla de ángeles y otra de diablos.

Historia

En la tradición del Baile de Diablos se pueden diferenciar tres épocas. En un primer período, desde principio del siglo XV hasta el fin de la invasión francesa el año 1814, el baile fue inducido fundamente con un cariz eclesiástico, ya fuesen procesiones, díadas o festivales de Corpus, y también por aspectos políticos o estatales.
Una segunda fase abarcaría desde finales de la guerra del francés hasta mediados del siglo XX. En este segundo momento, los bailes de diablos amplían sus salidas a acontecimientos civiles como fiestas mayores y carnaval, a pesar de que continúan asistiendo los actos político-religiosos que les dieron origen.
Durante este período hay antecedente de la aparición de nuevos grupos o cuadrillas de diablos como: en 1850 en Tarrassa, en 1861 en Ruidoms, en 1865 en Hostafrancs y en 1869 en Porrera. Con el curso del tiempo algunas de estas cuadrillas se dispersaron para siempre y otras han reaparecido después de más de un siglo de eclipse des de la su formación.
Durante los años que siguen y hasta las primeres recuperaciones que culminan hacia 1978 debe hablarse de dos momentos:
En un primer momento que iría de los años veinte hasta la Guerra Civil, la tradición del baile de diablos se conservó por inercia y poco a poco fue decayendo. Al acabar la guerra, y a pesar de los antagonismos, ya fuesen personales, políticos o religiosos, se inicia una reposición del baile dentro de la recuperación global de las fiestas a finales de los setenta.
El tercer período se inicia en la década de los años ochenta y coincide con la época de reivindicación y recuperación de las antiguas fiestas populares, a lo ancho de Cataluña.
El ánimo en la búsqueda y la estudio de las tradiciones popular, favorecida por las administraciones locales, fomenta la creación de nuevos grupos dinamizadores, dando a la fiesta pública de calle un protagonismo cultural y social casi perdido hasta el momento.
La organización del "correfuego" para la Fiesta Mayor de la Mercè en Barcelona, lleva al pasacalles de la ciudad numerosos grupos tradicionales de diablos. Para una parte del público, fue un récord complaciente y entrañable; para muchos otros fue un acontecimiento nuevo, fantástico e ilusionante. En conjunto, un suceso suficientemente incitador y motivador para forjar nuevos grupos.
Por otra parte, la iniciativa de una histórica cuadrilla del baile de diablos, la de L'Arboç del Penedés, constituyó el primer Encuentro de Diablos de Cataluña, para San Juan de 1981, fue otro motivo que contribuyó a fomentar nuevas cuadrillas.
En este ya último período, que se puede considerar una época pletórica para el baile de diablos, aparecen a lo ancho de Cataluña un número muy importante de nuevas cuadrillas de diablos y otros elementos de fuego con una clara inspiración en los modelos históricos.
Hoy día no es nada extraño que en una misma localidad hayan más de una cuadrilla de diablos, dragones y otro bestiario.
En referencia a las características de los grupos de Baile de Diablos, hay dos variantes con una configuración y una dinámica bien diferenciadas:
Por un lado hay un modelo con estructura teatral. Es el caso del baile de diablos con parlamentos, característico del Penedés, Garraf y el Campo de Tarragona, en que hay una personificación dramática representando la rivalidad del bien y del mal con unos personajes bien definidos como Lucifer, la Diablesa, el Arcángel San Miguel y otros diablos que sólo recitan arengas críticas y versos satíricos de los advenimientos sociales y políticos contemporáneos de la localidad.
Por otra parte, hay el baile de diablos sin parlamentos como es el caso del Baix Camp y el Priorato. Los caracteriza la ausencia por completo de una representación de baile hablado, así como también de un número estable y concreto de sus componentes. Su ámbito preferente es el de las celebraciones cívicas, alguna procesión religiosa o també en los solemnes traslados de algunas vírgenes, como la de la Misericordia de Reus o bien la Virgen de la Riera de las Borges del Camp.

Fiesta fallera nocturna


Doscientas treinta fallas tienen permiso para plantar otras tantas carpas y cortar cerca de 400 calles. La fiesta empieza a adueñarse del paisaje y la EMT inició ayer los primeros desvíos de sus líneas, en un proceso que culminará el día 16, cuando todo el centro de la ciudad sea peatonal. Algunas fallas ya han instalado estos días sus carpas con permiso del Ayuntamiento, bien por tratarse de zonas peatonales o por condiciones especiales de la zona. En todo caso, la ocupación estará cubierta por la licencia a partir del viernes.

http://www.youtube.com/watch?v=EaQK0YegqGc





Las carpas falleras son grandes recintos cubiertos donde las comisiones falleras y, a veces, vecinos participantes, se reúnen para festejar. Las dos principales críticas hacia las carpas falleras son su emplazamiento y su nivel y horario de ruido. Por una parte, estas carpas se sitúan en plena ciudad, se montan en las calles próximas a la zona donde corresponde a la comisión, y en la mayoría de las ocasiones (o en su totalidad), estas carpas se encuentran rodeadas de viviendas, lo cual crea gran molestia a los vecinos. Esta molestia está ligada a la segunda crítica, y es que la proximidad de los vecinos, unida a los altos decibelios a los cuales se festeja (considérense gritos, explosivos, música, karaokes...), y sumado a las horas hasta las que se festeja (4:00 AM), crea en los vecinos de la zona un enorme malestar, ansiedad, insomnio, y trastornos psicológicos varios. La crítica, no obstante, propone una solución alternativa, como es el traslado de dichas carpas a zonas más periféricas de la ciudad, donde no exista perturbación hacia los vecinos